e1A modo de aclaración quiero señalar que he conocido a muchas personas ligadas al Rodeo, uno de ellos es José Zapata, a quién Vicente Pérez ,lo visitó en su casa en Negrete, y le hizo una bonita nota para el anuario-bien merecida por cierto-,lo admiré por su caballerosidad, por su galanura como jinete, y por el respeto y fidelidad a su patrón don Edmundo Moller, ”Don Momo”, y don José Farías, por su simpatía, y por su especial dignidad hacia su persona, nunca descompuesto, siempre bien presentado, y aunque está demás decirlo, conversar con Patito, es un verdadero agrado.

Hace algunos días me noticié que el hombre había sufrido un accidente, fui a su casa para el lado de Teniente Cruz, su hija menor ,me dijo que estaba en Teno, desanduve el camino, pensando como estaría Don José, y cuantas veces se pasearía por esa ruta, en sus tiempos de a caballo.

Lo del accidente, efectivamente ocurrió pero ya estaba superada la situación, y cuando me vio, se enderezó en su cama, mostrando su mejor lado, aquel del optimismo y los deseos de vivir que siempre ha tenido. Le salí de inmediato a la cortada y nos fuimos al grano, -después de enterarme que estaba sin novedá-Y… don jase, cómo está? ¡Mejor, ya estoy mejorando, con la ayuda de Dios y los cuidados de mi señora y mi hija. En seguida a recordar, porque recordar es volver a vivir y eso hicimos con don José Farías., recuerda con el rostro encendido por la felicidad, yo nací en El Huique, mi padre trabajaba con un patrón Ruíz-Tagle, yo no recuerdo nada de él porque murió ,según me dijo mi madre, cuando hacía tres meses me estaba esperando, así que figúrese como fue para mí, pero de todas maneras guardo lindos recuerdos de mi niñez, que duró hasta los 9 años, cuando el patrón le dijo a mi madre, ¡Anita¡ présteme a José, y así me vine, trabajaba como ayudante de todos, preparando comida para los perros zorreros, los caballos y lo que viniera, mi vida cambió un día que me echaron a correr a la chilena La niñita, una yegüita negra muy ligera y livianita, medio susto porque enfrentaría al “Cucho” Contreras, un jinete mañero , al que no se le podía ganar porque además era guapo. Como yo era un niño, me gané a la gente y al mandón, que me dijo que tuviera cuidado. La primera partida fue falsa, pero a la segunda lo garnaché y me fui porque el mandón dio la partida, lo corté, me llevé las rendías del Cucho, pero me hizo hombre de a caballo. Mi niñez fue linda, estudié poco, pero lo que aprendí me ayudó mucho, la directora era la señora del patrón, habían muchos profesores, pero no era como ahora, que a los niños, los alimentan, les ponen locomoción, a nosotros los lunes nos daban una cucharada de aceite de Bacalao pucha la custión mala, los encargados de darla eran los alumnos más grandes, el que arrancaba, le daban dos cucharadas, y si no quería le tapaban la nariz y vamos tomando”.

De pronto recuerda un hecho, que lo marcaría para siempre, le llegó la edad de tener carné “fuimos varios a Santa Cruz, allí los carabineros nos preguntaron qué andábamos haciendo, les dijimos y nos llevaron a la comisaría, de ahí a San Fernando en un camión al Regimiento, que en ese tiempo era de caballería. Allá nos recibió el comandante, que nos dijo, a este lado los que quieren hacer el servicio militar, y acá los otros, yo me gané en los otros, y nos metieron a todos los que no queríamos seré leso, cuando tenía que haberme puesto en la fila de los que querían hacerlo ,yo me quedé dos años, porque estaba remiso, ya que había cumplido los 18 años.,lo pase mal el primer tiempo,pero después fui ayudante de mariscal y fui herrero también, oiga si en mi licencia decía “Mariscal” .

¿Qué pasó después de la Milicia? “Me vine a la casa y le dije a uno de mis hermanastros que me fuera a buscar las cosas a la casa del patrón, no se las quisieron entregar, el patrón me mandó a llamar, fui y me dijo ¿José que pasó ¿que querías retirar tus aperos y la cama.-Bueno patrón, le dije, quiero estar con mi familia, porque los eché de menos mientras estaba en el Servicio Militar, pero si UD. Me da trabajo, es otra cosa. Yo estaba resentido, porque el patrón no hizo nada por ayudarme, me podía haber ayudado a salir del Regimiento, además mi yegüita la soltaron para una parte que le llamaban el Llano ,vino uno de mis hermanastros, y le dije ensilla la Yegua, úsala , yo tenía visto algo y me fui a un fundo donde necesitaban ayudante para un arreglador, mi cuñado era mayordomo, me fui de noche, llegué y hablé, le dije al patrón que me probará un mes, si le gustaba mi trabajo, me quedaba, así es que me puso a trabajar con Augusto Muñoz, un hombre que sabía mucho , me recibió bien., en eso el patrón se enojó y quería echar a mi padrastro, si yo no volvía, allá en San Francisco del Huique, estuve cuatro años , como el patrón era arrendatario, empecé a buscar donde irme, ya estaba seguro de mi trabajo, con los caballos y loa herrajes. Así es como llegué por estos lados, vine a acompañar a un amigo, al Champion de Chile, aquí a Curicó, se lo ganó don René Urzúa con don Luis Mayol, aquí don René Porcile me echó el ojo, se acercó a mí y me dijo, ¿De dónde es Usted?, de Colchagua le dije, y con quién trabaja, le dije con un caballero de allá, Don Augusto Ruíz-Tagle, oye vente conmigo, le dije no le puedo decir que sí, llevó cuatro años con él, déjeme conversar con él, me vine igual, porque me dijeron que acá donde los señores Porcile había harta pega y hartos caballos”.

Mi primer compañero recordó Don José fue mi compadre Fernando Yáñez , a mi compadre le pasaban caballos, así que salíamos bien montados, nos iba bien y después acá corrí con don Américo, le saqué el Relicario, La Esperada, corrimos siete años, siempre corrí con los patrones, yo era empleado del patrón viejo Don Américo Porcile Rojas, pero corría con Américo Porcile Rogers, que viene siendo el suegro de don Claudio Cardemil, no avancé mucho porque corría siempre con los patrones, me iba siempre a la mano, aunque algunos me decían José el patrón no te coopera poco, pero así era yo tenía que favorecer al patrón ,en Camarico yo era capataz de los tres fundos, tenía que recorrer los animales, ver los regadores ,los cierros, las puertas, todo los del campo. El patrón viejo me quiso mucho, y yo le agradezco, porque al lado del junté mis monedas, yo del Huique traje un caballo bien bueno, que había comprado en San Fernando en un remate que hicieron los señores Cuevas, se llamaba El Cubano, tenía dos yeguas y las vendí, con esa plata compre mi potro en el remate de puros caballos inscritos, estaba manso de cabresto, era colorado, con las patas blancas y un poco rabicano era muy lindo. Con él llegué al Criadero TRARUÑÉ, lo capé porque el patrón traía potros de Santiago, venía un militar y el supervisaba todo, traían el Chamal, mi caballo era de sangre Cristal. Lo trabajé yo mismo, cuando me vine para Camarico estaba bien quebrantado, con el fui a la Quinta normal un par de temporadas. Hasta que un día don René Urzúa me dijo, un amigo me preguntó por tu caballo, lo vendís, le dije si pero usted me tiene que ayudar, ese amigo era don Ernesto Mery de Coquimbo, después ´el habló conmigo, y me dijo vende su caballo, yo no lo vendo, pero si a usted le sirve y no acercamos al precio, cuánto vale su caballo, le dije, medio la mano y me dijo, el caballo es mío. Con esa plata compré animales, y después me pude comprar la propiedad que tengo, gracias a las facilidades que me dio mi patrón. Un día Don Américo viejo me dijo, José ,supe que te vas con Emilio Batarce, no patrón, me ha invitado varias veces, yo no le he dicho nada, pero porque no estás conforme aquí, porque no me habías dicho, ahora le digo porque usted me pregunta, mire tengo dos razones, dímelas, sienta te ahí, la primera es que cuando salimos, en los rodeos, hay problemas, yo ando con poca plata, a veces no almorzamos, y tengo que preocuparme del petisero, el sueldo es poco, y yo tengo mis gastos, soy solo, tengo mis gastos, y no estoy bien, mira José me dijo, el sueldo voy a dejarte el mismo nomás, pero te voy dar dos cuadras de chacra, para que las des a medias y tengas un dentro más, y animales podís tener sin límites, así que la venta de mi caballo me ayudó para armarme de más de 30 novillos, de ahí me fui para arriba”. Cuando murió el patrón viejo, un par de meses después, les dije a los patrones hasta ahora los acompañó y les agradecí, me fui bien”

¿Para donde cortó Don José?...Me fui para Rengo con don Jaime Cuevas, al Fundo El Sauce, estuve un par de años, en los rodeos que nos topábamos con Don Américo, me invitaba a almorzar, mi patrón me decía anda nomás, después don Américo me empezó a convidar que me viniera con él para acá, yo le dije sabe patrón para Camarico no vuelvo nunca más, no ,me dijo, compré un Fundo aquí en Teno, Santa Guillermina ,me vine y me hice cargo de la gente ,y él me ayudó a comprar mi campo a Don Alberto Reveco, yo tenía la plata, primero fueron 50 hectáreas, pero vino la cuestión de la Cora, tuve que quedarme con 25,no ve que era solo y no tenía hijos, así que vendía o me la quitaba la otra parcela .Seguí corriendo con Don Américo unos buenos años, hizo medialuna, pesebreras, y trajo caballos para acá corrimos 5 años más, pero sabe porque dejamos de correr, le entró una enfermedad que se quedaba dormido, y le fue aumentando, aumentando, me acuerdo que en e l Rodeo de Parral, se me cayó caballo abajo, él estaba afirmado en el apiñaero, y El Relicario, se enredó una mano, sintió el tirón y se fue al suelo, no ve que era pesadito, don René Urzúa que era bueno para la talla y era amigo del patrón, me dijo Oye Hu… ahora sí que la cag…se te quedaron dormidos los dos. Era peligroso que siguiera corriendo así”.

“De ahí forme mi criadero, que se llama Gualcacho, así lo bautizó Don Santiago Rivera, compré algunas yeguas de cría, y me independicé ,pero, me encontré en la Sociedad Nacional de Agricultura, con un hijo del patrón Ruíz –Tagle, de don Augusto, se llamaba Jaime ,y me hace así con la mano, me dijo ¡Capataz¡. Es Usted, yo soy don Jaime, que anda haciendo, ando transfiriendo unan yeguas, ¿Con quién está ocupado?, estoy solo ,en mi casa en Teno, me mandan a trabajar caballos y corro con algunos amigos, y me dijo, véngase conmigo, tenía los caballos por ahí en El Monte, cerca de Talagante, yo lo conocí niñito, estaba contento el hombre, le vi los caballos, hicimos trato por 5 años yo llevé después un potro, una yegua y un caballo míos, me fui pa Santiago, deje la propiedad con un cuidador, venía una vez al mes, a ver como estaban las cosas, yo tenía un caballo que se llamaba Ligador, hijo del Huinca ,mi caballito lo llevaba encachao yo, y llegó allá y me dijo don Jaime ,que le gustó mi caballo al patrón ,Don José me dijo, esta semana no hay na Rodeo, vaya para la provincia suya , búsquese un potro, al gusto suyo. Por plata no se quede, para que tengamos una collera de potros también y salgamos completos, corte para acá yo, a mí me gustaba n tres potros, El Baqueano de don Manuel Solís, me gustaba Tequila, y otro que había en Huemul, que se llamaba Chubasco”.

Aquí, comienza la parte más importante de la historia, ya que el gran logro de Don José, fue hacerse de Tequila, y de saberse como fue la manera de luchar para quedarse con el manco, que era mulato tapado, y de gran pedigrí un hijo de guaraní, en la Trampilla.

Hablé con Segundo Martínez por Chubasco, me dijo que lo vendían, lo había visto correr y me gustaba, el administrador me dijo que el patrón estaba en Santiago y venía muy a lo lejos, le dije vende El Chubasco, no se acordado na me dijo, y cuando venga yo le mando a avisar, me llamó, pero lo que me dijo el administrador era que el patrón había dicho que el caballo lo vendía ,pero valía lo que valía el Fundo, que eran como 100 hectáreas plantadas, con esa respuesta se acabó el entusiasmo al tiro, pu iñor. Así que no fui más pa allá .Un día en la Feria de Curicó me encontré con Don Manuel Solís y le dije, don Manuel le voy hacer una pregunta, tengo un encargo, no es p a mí, vende el potro suyo, me dijo, le agradezco harto Don José, pero el potro mío no lo puedo vender, porque me lo regalaron cuando estaba potrillito, ya don Manuel perdone, no se preocupe me dijo. El Baqueano era hijo de Taco.”.

“Ya pus amigo, ahora quedaba Tequila no más, este potro lo conocí de la Quinta Normal, era del Criadero Bramadero del señor

Triveli, yo lo conocí de dos años y medio, era hijo del Guaraní, en la mejor Yegua, la Trampilla, y lo vendieron pal Sur a don Miguel Balic, de allá lo trajo Don Hernán Villalobos, él lo tuvo un año y Don Luis Lozano se interesó en él, y lo corría Chama Zúñiga, hablé con Don Lucho, me dijo que no lo vendía, así que me fui donde Don Chindo Bustos a Chillán, y le compré un potrito Coipo que se llamaba Cachorro, hijo del Descariñado y la Golosa, estaba manso de montura, sin ningún trabajo, no toca la Procesión ,me encacho y voy con otros viejos ,vamos por la Alameda y me encuentro con Don Luis Lozano, le gustó mi potro, me dijo que se lo vendiera, le dije que no, que él no me quiso vender a Tequila, y que este lo iba a encachar para correrlo con Don Jaime, conversamos harto, nos tomamos unas cervezas y nos despedimos”. “Al otro día temprano, yo estaba acostado todavía y siento relinchar en el cargadero, miro y era don Lucho que traía con Chama al potro, yo dije Tequila no se va más de mi lado”. “Estuvimos conversando, almorzamos, hasta que en la tarde yo le dije, ya don Luis, hacemos negocio o no, ya para que vamos a seguir hablando, bueno me dijo, pero Tequila se queda, si le pone algo, hicimos negocio, le dí dos millones y medio, un cheque para el otro día del Banco del Estado y otro del Banco Comercial, pa ocho días más, cargó su potro, Tequila se quedó, hicimos altiro los papeles y listo el negocio. Pa que le digo, quedamos los dos contentos.”

“Oiga, sabe el día viernes siguiente, temprano escucho que tocan, me levanto y veo la camioneta de Don Lucho ,y el Cachorro arriba, dije, aquí está mala la cosa, le dije a mi ayudante, no habrá la puerta. No reciba el Potro, y diga que no estoy, ensillé un caballo y me fui por los potreros, hasta el cruce la Montaña. La cosa era ir a Santiago a transferir las inscripciones, por suerte me paró uno de los buses AERO-COCHE, llegué a Santiago a la plaza Almagro como a las once, tomé un taxi, le dije al chofer, amigo cóbreme ,pero no me carreteé, porque tengo que llegar antes de las 12 a Tenderini, llegué cerquita de las 12, y entré a las Oficinas de la Sociedad Nacional de Agricultura, como ya me conocían me dijo el caballero, que anda haciendo don José, vengo a hacer una transferencia, me dijo el potro Bramadero Tequila, a que nombre queda, a nombre de José Farías Calderón , y Cachorro, a nombre de Luis Lozano Ramírez ,oiga con las inscripciones en mi bolsillo, respiré tranquilo, me vine a tomar el tren pa Teno, llegué como a las 5, mandé a buscar a mi ayudante, me dijo que había ido don Lucho como tres veces a preguntar por Mí, andaba con otros caballeros me dijo, almorcé, y me fui donde estaban ,cuando me vieron llegar, me dijeron Don José, lo hemos buscado todo el día, en eso me dice Don Lucho, no vamos a hacer negocio, yo le dije, esto no es juego de chiquillos, o acaso mis cheques no valen, el negocio está hecho, y yo le pasé los papeles al patrón ,para que los llevara a Santiago, en eso un amigo me decía Don José, devuélvale el potro al hombre, yo le dije mire cuando Ud. hace sus negocios yo no me meto, mi Potro también vale, voy a llamar a Santiago, si el patrón ya hizo las transferencias, no hay na más que hacer, si no el negocio se termina, fuimos a llamar, me siguieron a una parte donde se podía llamar a larga distancia, no ve que no pensaba haber celulares todavía, me marcaron el número, y pregunté, mire quiero saber a qué nombre está el potro Bramadero Tequila, me dice a nombre de José Farías Calderón, ¡ah ¡, y el potro Cachorro, a nombre de Luis Lozano Ramírez, y todos ahí escuchando, bueno pus ,ya está claro lo que pasó, el negocio se cerró, en eso Zúñiga dice, oiga Don Lucho, Usted se interesó en el potro de don José, Usted fue a buscar a Tequila a Comalle, y yo lo acompañé , el hombre tiene razón . Ahí paró todo, nos tomamos unos pencazos, y todo quedó arreglado, Tequila se quedó conmigo, y puchas que me sirvió, era un caballo dificilón, pero muy pegador, lo corrimos con el patrón Jaime, hicimos una muy buena temporada, llegamos corriendo hasta Coyhaique, utas que lo pasamos bien, después el patrón Jaime se quedó con el potro mío , y Tequila siguió conmigo, hasta que se lo vendí a Don José Goycolea, que lo llevó a su Criadero Lo Gallo, y lo corrió un par de temporadas, se lo llevó con una yegua que se llamaba Traicionera”.

Pareciera que Don José estuviera viviendo nuevamente el momento difícil del negocio, y me dice, “sabe don Lucho, el apuro por comprar a Tequila, era que don Maximiliano Gensckoscky, de Melipilla, le vendieron el caballo Infuso, querían a Tequila, para collerearlo, oiga pero lo iban a capar, dígame usted se salvó, porque era muy buen potro. Me acuerdo de Curandero, que se lo vendí a Don Nano Barra, y él se lo vendió a Don Hugo Cardemil en varios millones más, a la hora que lo vendo yo, no habría valido tanta plata, el Curanto también era del Tequila, a don Hugo Cardemil, le vendí varias potrancas, algunas mansas de cabestro nada más.”

Mientras conversábamos, su esposa María Angélica Reveco, nos hace unos cariños, con sendas tazas de café y unas tostadas, además llegó con el nieto que le roba el alma regalo de su hija menor María José Farías Reveco, ejecutiva de una entidad curicana. Agrega yo además tengo otro hijos ,de mis tiempos en que era solo, porque a Patito, no fue fácil echarle el Pial, para llevarlo para el Civil, ya que se casó, pasado los cuarenta y tantos”.

Miro la hora, y se fueron más de 3 horas de conversa, que bien valieron la pena ya que don José es patrimonio del Rodeo, un huaso educado al amparo de la vida, siempre quiso ir por la senda correcta, la prueba está que sólo se le conocen amigos, lo que es mucho decir en una sociedad en la que impera la violencia y la falta de valores, quizá, sea uno de los últimos huicanos antiguos, que se forjó en el rigor del trabajo, y vivió en uno de los enclaves agrícolas, más importantes de la Zona central, donde había de todo, y los oriundos de esta tierra eran crudos para la pega, eximios jinetes, hombres de palabra, bravos para enfrentar la vida, elegantes para vestir, pero por sobre todos viejos lindos, que caían bien en todos lados, y nada les quedaba grande en lo que a tradiciones huasas se refiere. Antes de despedirnos, Don José me dice, “Estoy feliz con mi familia, con lo que Dios me dio, sabe he sido muy feliz, pero de mi niñez, ni siquiera me acuerdo de ella, será `porque trabajé mucho y de muy chico, no sé, quiero seguir viviendo para disfrutar de mi nieto menor, me siento bien, feliz de todo y estaré aquí hasta que mi Dios quiera”.

Don José cumplió 79 años el pasado 26 de Mayo, y se apresta a enfrentar los 80 como él sabe, con optimismo y rodeado de sus amigos y familia. Además su esperanza es arreglar su casa del Campo, que el terremoto se la anduvo averiando en el segundo piso. Al lado hay unas pesebreras, en las que hay caballos de su amigo Pedro Pablo Quera Palacios, para no olvidarse del relincho de yeguas y potrillos, y pa ver el progreso de algún manquito que mantenga el vicio por los caballos, que le dieron todo en la vida.